Eccemas y dermatitis atópica

  • Eccemas y dermatitis atópica

El eczema es una reacción de intolerancia de la piel frente a diferentes agentes que actúan desde fuera o desde dentro del organismo. Su síntoma principal es el picor.

Es un proceso evolutivo que pasa por diferentes etapas apareciendo vesículas que se rompen, liberando líquido. Posteriormente aparecen costras amarillentas y descamación, y finalmente, si se vuelve crónico aparece un engrosamiento de la piel. No todos los eczemas pasan por todas las etapas.

El eczema es una de las manifestaciones más frecuentes de la dermatitis atópica.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria cutánea caracterizada por la forma y distribución de las lesiones, su curso crónico y recurrente y por producir intenso picor. Con frecuencia existen antecedentes personales y/o familiares de atopia (estado en el que el organismo reacciona de un modo más enérgico que lo normal frente a diferentes estímulos). Fenómenos de atopia serían el asma, rinitis y conjuntivitis alérgicas, dermatitis atópica, etc.

Entre el 0,7% y el 2,4% de la población general se ve afectada, siendo mucho más frecuente en la población infantil. Se considera que alrededor del 8% de los niños puede padecerla.

Los bebés con eczema infantil tienen una erupción rosada en la piel con un picor muy intenso. Aparece inicialmente en las mejillas y se extiende por toda la cara y hacia el cuello, afectando también la región del pañal, incluso el resto del cuerpo. A causa del picor, el niño siempre parece irritable, especialmente por la noche. La piel está generalmente seca en su aspecto, pero con frecuencia puede sobreinfectarse por bacterias o virus y entonces aparecerán vesículas supurativas. Cuando esto ocurre, debe consultar al médico por el alto riesgo que conlleva.

Cuando el niño tiene entre un año y medio y dos años, la enfermedad seguirá un patrón más típico. La erupción aparecerá en los pliegues de las rodillas y de los codos, muñecas, tobillos y cuello, pudiendo estar también más extendida.

La dermatitis atópica puede mejorar alrededor de la pubertad, debido probablemente a influencias hormonales.

Entre los adultos, los síntomas característicamente son una variante del patrón infantil. El eczema es seco con una piel engrosada y con frecuencia, infectada por la bacteria Staphilococus, característica de la piel.

El tratamiento de la dermatitis atópica debe ser individualizado. No existe hasta la fecha ningún tratamiento definitivo, y se trata de manejar la enfermedad adecuadamente en cada paciente y en cada momento.

En los brotes con pocas lesiones suele ser suficiente un tratamiento tópico, que se basa fundamentalmente en el uso de corticoides, aplicados en las lesiones durante un tiempo limitado. Recientemente han aparecido dos inmunomoduladores tópicos (tacrolimus y pimecrolimus) que tienen una eficacia equivalente a algunos corticoides, pero sin los posibles efectos secundarios del uso crónico de corticoides tópicos.

Los tratamientos tópicos pueden ser insuficientes en pacientes con múltiples lesiones y mucha sintomatología. En estos casos puede ser necesaria la utilización de tratamientos orales. En el brote agudo suelen utilizarse corticoides orales en ciclos cortos asociados al tratamiento local. Otros tratamientos en caso de no controlarse bien la enfermedad son PUVA (exposición a la luz ultravioleta UVA dos horas después de la toma de sustancias sensibilizantes), UVA, UVB y tratamientos inmunosupresores, como la ciclosporina.


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