Asimetrías faciales

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El Botox, uno de los nombres comerciales de la toxina botulínica tipo A, es un medicamento que, además de su conocido uso estético para la eliminación de las arrugas de expresión, se viene utilizando desde 1989, para la corrección de algunos desórdenes oftalmológicos como el estrabismo. En neurología se aplica en casos de espasmos musculares, lesiones nerviosas periféricas, asimetrías y parálisis faciales y cefaleas.

El Botox, al tener la propiedad de paralizar la musculatura, resulta igualmente de gran ayuda en el tratamiento de pacientes con asimetrías faciales a niveles como las cejas o la sonrisa.

Su aplicación permite trabajar en los músculos que proporcionan la expresión y, corregir los desequilibrios que se generan entre ambos lados de la cara. Estos desequilibrios se pronuncian más en los gestos habituales que realizamos al hablar o al sonreír.

Su administración se realiza con una jeringa de aguja muy fina. El paciente siente unos pequeños pinchazos, sin ser necesaria anestesia.

Su efecto no es inmediato, apareciendo entre 3-5 días después de su aplicación. El resultado se mantiene entre 4-6 meses, dependiendo de cada paciente.


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