Acné vulgar

  • Acné vulgar

El acné es una enfermedad cutánea crónica del folículo pilosebáceo, de causas múltiples y carácter autolimitado. Afecta principalmente a las zonas de la piel con mayor densidad de glándulas sebáceas, como la cara, el pecho y la parte superior de la espalda.

La incidencia del acné es muy variable y puede afectar, en mayor o menor grado, hasta al 80% de la población. Aparece fundamentalmente en la pubertad y la adolescencia para involucionar espontáneamente alrededor de los 20 años de edad, aunque algunas personas pueden presentar acné hasta los 40 años.

En líneas generales, las alteraciones básicas que originan las lesiones de acné son:

  • Obstrucción del canal pilosebáceo.

  • Alteración de la producción de sebo.

  • Modificación de las bacterias del folículo pilosebáceo.

  • Inflamación.

Todas estas alteraciones básicas van a estar reguladas directa o indirectamente por los niveles de las hormonas sexuales masculinas o andrógenos y por la mayor o menor respuesta de las glándulas sebáceas de cada persona a la estimulación de dichas hormonas.

Los andrógenos se incrementan durante la pubertad. Se producen en los testículos, las glándulas suprarrenales y en menor medida en los ovarios, tanto en los chicos como en las chicas, lo que estimula a las glándulas sebáceas para la producción de más sebo. Junto a la mayor producción de sebo también se produce un estrechamiento del canal pilosebáceo, lo que impide que aquél salga al exterior.

Existe una bacteria muy común en la piel llamada “Propionibacterium acnes”, cuyos productos de desecho irritan la glándula sebácea, haciendo que se inflame. El aumento de sebo causa la proliferación del número de bacterias en el folículo, con el consiguiente aumento de la inflamación de las glándulas sebáceas.

El acné vulgar es una enfermedad que asocia distintos tipos de lesiones. Como ya mencionamos afecta fundamentalmente a las áreas cutáneas con mayor densidad de folículos pilosebáceos, es decir, la cara (99%), espalda (60%) y pecho (15%).

Podemos observar lesiones distintas según el grado de afectación. Pueden clasificarse en no inflamatorias, inflamatorias y residuales.

Hoy en día existen tratamientos muy eficaces para tratar el acné. La mejoría no es instantánea ni permanente en todos los casos: la piel debe seguir cuidándose para evitar recaídas. El tratamiento suele ser prolongado y requiere constancia en el cumplimiento.

El dermatólogo es quien debe indicar el tratamiento más apropiado para cada persona y cada tipo de acné. No deben adoptarse tratamientos por iniciativa propia o porque “a un amigo le ha ido bien”. Un producto adecuado para una persona puede no serlo para otra.

Aparte de las recomendaciones anteriormente expuestas existen múltiples tratamientos para el acné según sus características clínicas y su intensidad. En la mayoría de los casos deberemos utilizar varios medicamentos simultáneamente y es habitual que se vayan cambiando algunos de ellos según la evolución del acné.

El tratamiento se puede dividir en varios tipos: tópico, oral, quirúrgico y de las secuelas. Pueden emplearse varios de ellos simultáneamente.


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